martes, 5 de febrero de 2008

VI


En aquel tiempo te permití
que liberaras las prosas
que con costos mantenía en cautiverio
bajo las rejas azules
de mis cuadernos viejos.

Y Hasta acepté el papel de
Romeo en tu obra,
donde de vez en cuando
se me olvidaban los diálogos
o simplemente resultaba sobreactuado,
aun cuando no me dejaste
recoger las flores al final
de la actuación.


Y hoy en la mañana,
mientras te soñaba bajo sabanas,
quedé plasmado sobre la imagen grisácea
de esa tarde de lluvia
donde mi absurdo pensamiento
explotó en una tormenta
de plumas negras
y gritos fuertes,
aun para mis oídos casi sordos.


Y entonces me enteré,
por pura casualidad,
que las respuestas a mi situación
ya las había encontrado
en el último trago
de mi novena cerveza
después de mi show
en aquel cabaret de sonrisas marchitas
la misma noche que te marchaste.

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