
Siendo de tantas partes
pero de ninguna a la vez,
regresé a una de mis tantas habitaciones,
que entre tantas noches olvidé,
buscando de nuevo un viejo soneto
que nunca entendí
y esa metáfora
que posiblemente fue robada
por un poeta oportunista
y sus dos cómplices:
Su cuaderno casi vacío
y un lapicero
que ya no quiere escribir.
Pude notar
que todavía llovía
en ese cielo
que dibuje con crayolas
en el techo de mi cuarto,
que mi cajetilla de cigarros
donde ocultaba las lagrimas,
aun estaba como la había dejado,
que esa caja de fósforos
donde escondía el frío del fumar,
seguía sin abrirse,
y que mi álbum de fotos
a blanco y negro
donde guardaba
las cartas de amenaza,
escritas sobre papel rosa
y con un ligero aroma
de ese perfume
que utilizan las mujeres,
que con frecuencia
me escribía la locura,
ya no estaba.
Y entre tanto papeleo
solo pude encontrar:
dos latas de cerveza,
un desorden de letras y palabras
que sin sentimiento
simulaban un intento de poema,
un papel blanco y arrugado,
un arco iris desteñido,
una caja de lápices sin punta,
una cama,
que nunca quise ordenar
y la extraña sensación de un cuarto
más pequeño.

1 comentario:
Roffo..!! que BIEN q escribis..! me encanta =)
Marielle.
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