martes, 5 de febrero de 2008

IV


Siendo de tantas partes
pero de ninguna a la vez,

regresé a una de mis tantas habitaciones,
que entre tantas noches olvidé,
buscando de nuevo un viejo soneto
que nunca entendí
y esa metáfora
que posiblemente fue robada
por un poeta oportunista
y sus dos cómplices:
Su cuaderno casi vacío
y un lapicero
que ya no quiere escribir.


Pude notar
que todavía llovía
en ese cielo
que dibuje con crayolas
en el techo de mi cuarto
,
que mi cajetilla de cigarros
donde ocultaba las lagrimas,
aun estaba como la había dejado,
que esa caja de fósforos
donde escondía el frío del fumar,
seguía sin abrirse,
y que mi álbum de fotos
a blanco y negro

donde guardaba
las cartas de amenaza,
escritas sobre papel rosa
y con un ligero aroma
de ese perfume
que utilizan las mujeres,
que con frecuencia
me escribía la locura,
ya no estaba.


Y entre tanto papeleo
solo pude encontrar:
dos latas de cerveza,
un desorden de letras y palabras
que sin sentimiento
simulaban un intento de poema,
un papel blanco y arrugado,
un arco iris desteñido,
una caja de lápices sin punta,
una cama,
que nunca quise ordenar
y la extraña sensación de un cuarto

más pequeño.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Roffo..!! que BIEN q escribis..! me encanta =)
Marielle.