
Y empiezo de nuevo a leer ese libro,
que guardé con cierto rencor
un cuarto creciente,
cuyo capitulo final nunca he querido observar,
no sé si por la resaca de todo sábado
o por el recuerdo del cenicero,
ya lleno, de la esquina.
Como muchos podría pensar desde ya
en las fúnebres flores de un destino fatal,
como si viviéramos entre sueños aquellas
tragedias de Esquilo, o camináramos
por las últimas paginas de una novela
de Carlos Zavaleta.
Pero no tengo espacio en mi mente
para la melancólica o triste idea
de lo que no quiero saber.
ya que me resulta difícil sacarte
de mi pensamiento,
como la fotografía, ya borrosa,
por el poco tiempo entre nosotros,
que espero que recuerdes,
de aquel viernes 13.
Y si me pregunto otra vez,
si no sos esa princesa
de los relatos de hadas,
esa que sincroniza sus suspiros
con mis latidos,
aquella que congela todo el cuento
con un beso apasionado situado
en el penúltimo párrafo.
Es porque no sé si es real
la pulsera que llevo,
o esas memorias que guardo
en ese lugar donde los sentimientos
se empozan.
O si sos una mala jugada de mi mente,
que entre disfraces de locura se esconde,
buscando a esa princesa
que me congele en el penúltimo párrafo
de mi cuento de hadas.

1 comentario:
"buscando a esa princesa
que me congele en el penúltimo párrafo
de mi cuento de hadas."
Mae, de todo TODO lo que ha escrito ud, esa definitivamente es mi frase favorita!
Publicar un comentario